Electricidad sin cables más cerca gracias al láser

8 de septiembre de 2025 0
  • Investigadores de EE UU han transmitido luz a 8,6 km usando láser.

El suministro eléctrico siempre ha dependido de un principio inquebrantable: la conducción a través de un soporte físico, ya sea cobre, aluminio o fibras especializadas. Sin embargo, en contextos militares y de emergencia, desplegar kilómetros de cable no es sólo una cuestión de infraestructura, también es un desafío de tiempo, logística y seguridad. Es ahí donde surge una propuesta que parece sacada de la ciencia ficción, pero que ya cuenta con pruebas experimentales sólidas: transmitir energía mediante un rayo láser.

En el desierto de Nuevo México, en el campo de pruebas de White Sands, DARPA llevó a cabo un experimento que marca un punto de inflexión. A través del programa POWER, se consiguió enviar 800 vatios de potencia a lo largo de 8,6 kilómetros, manteniendo la transmisión durante medio minuto. La cifra puede parecer modesta si se compara con la capacidad de una línea eléctrica convencional, pero representa un salto tecnológico significativo: nunca antes se había logrado transferir energía de manera óptica a tal distancia y con esa estabilidad. En 2021 el récord apenas alcanzaba los 230 vatios a 1,7 kilómetros; hoy, el avance multiplica potencia y alcance de forma exponencial.

El corazón de este sistema se encuentra en el receptor, una estructura diseñada por Teravec Technologies en colaboración con el Naval Research Laboratory. El principio es tan elegante como complejo: el rayo láser se dirige hacia una apertura cónica que guía la luz hacia un espejo parabólico. Esa superficie concentra el haz y lo refleja hacia un conjunto de células fotovoltaicas dispuestas en el interior, capaces de transformar la radiación en electricidad utilizable. Aunque la eficiencia ronda apenas el 20 % en condiciones ideales, el objetivo de esta primera demostración no era optimizar el rendimiento, sino validar que el concepto funciona en condiciones reales y a gran escala.

El impacto visual del experimento fue tan sorprendente como simbólico: la energía recibida sirvió para inflar palomitas de maíz, un gesto casi lúdico que confirma la conversión de luz en energía tangible. Más allá de la anécdota, lo que se puso en evidencia es la posibilidad de suministrar electricidad en entornos donde el tendido de cables resulta impracticable. Bases militares móviles, zonas afectadas por desastres naturales o territorios remotos podrían beneficiarse de un suministro inmediato sin necesidad de desplegar kilómetros de infraestructura.

Los desafíos, sin embargo, son notables. La atmósfera no es un medio pasivo: la dispersión, la absorción por vapor de agua y la turbulencia introducen pérdidas significativas. Además, la línea de visión entre emisor y receptor debe mantenerse despejada, lo que obliga a diseñar sistemas de seguimiento y corrección en tiempo real capaces de mantener el haz alineado en trayectorias largas. A estos factores se suma la cuestión de la seguridad, pues un rayo láser de tal potencia requiere controles estrictos para evitar daños a aeronaves o interferencias con la navegación.

Lo interesante es que este tipo de desarrollos no reemplaza de inmediato al cableado convencional, sino que lo complementa. El sector del cableado lleva décadas perfeccionando la eficiencia, la durabilidad y el control de las líneas físicas. Tecnologías láser aplicadas al diagnóstico ya son habituales en la inspección de catenarias ferroviarias, donde se emplean escáneres capaces de medir desgaste y geometría de los conductores con precisión milimétrica a velocidades de operación. Ese mismo principio de precisión óptica se está trasladando ahora a la transferencia de energía, cerrando un círculo donde el láser pasa de ser un instrumento de inspección a convertirse en canal de suministro.

DARPA ha demostrado que la electricidad puede emanciparse del cobre y del aluminio, y viajar suspendida en el aire en forma de luz coherente. La pregunta ya no es si es posible, sino cómo evolucionará esta tecnología hasta alcanzar potencias mayores, eficiencias competitivas y aplicaciones que puedan integrarse en entornos civiles y militares. El relato de la energía, que comenzó con los primeros cables tendidos en cobre hace más de un siglo, abre ahora un nuevo capítulo donde la conducción deja paso a la radiación, y los hilos metálicos podrían dar lugar, en determinados escenarios, a haces de luz viajando invisibles sobre el horizonte.

Electricidad sin cables más cerca gracias al láser
Javier Rodríguez
Javier Rodríguez
Javier
Deja una respuesta