La industria de la iluminación afronta el 4Q de 2026 con crecimiento moderado y una transformación pendiente
La industria española de la iluminación ha recuperado cierta estabilidad después de un periodo de contracción que puso a prueba la capacidad de adaptación de los fabricantes. Los datos presentados por ANFALUM en su Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria del pasado 17 de junio apuntan a un crecimiento previsto del 1,4% para 2026, hasta alcanzar una facturación agregada de 1.270 millones de euros. La cifra es positiva, aunque su lectura requiere algo más de profundidad: el mercado está creciendo, pero lo hace a velocidades diferentes según el canal, la tipología de producto y el ámbito geográfico.
La previsión para 2026 parte de los 1.252 millones de euros registrados en 2025, ejercicio en el que el sector consiguió crecer un 2,88% después de dos años consecutivos de descensos. La recuperación estuvo impulsada principalmente por España, donde la facturación alcanzó 832 millones de euros, un 7,49% más que en 2024. Las exportaciones, por el contrario, cerraron en 420 millones, con una caída del 5,19%.
La fotografía que dejan estos datos resulta interesante porque muestra una industria que ha vuelto a crecer, aunque todavía tiene que resolver varias cuestiones estructurales. La primera es cómo convertir ese crecimiento en mayor valor para el fabricante. La segunda pasa por recuperar competitividad exterior. La tercera tiene que ver con la evolución tecnológica de un mercado en el que la luminaria ha dejado de ser un elemento aislado para integrarse progresivamente con sistemas de control, conectividad, gestión energética y digitalización.
Un mercado nacional que vuelve a tirar del sector
La principal señal positiva de las previsiones para 2026 vuelve a encontrarse en el mercado español. ANFALUM estima una facturación nacional de 845 millones de euros, un 4,45% superior a la registrada en 2025. El incremento es relevante porque consolida el papel del mercado doméstico como principal soporte de la industria.
La evolución también encuentra respaldo en los datos del mercado eléctrico. Según las cifras trasladadas durante la Asamblea, los datos de AFME apuntaban a un incremento del 6,61% en las ventas entre enero y mayo de 2026.
Detrás de esta evolución existe una combinación de factores que está favoreciendo la actividad: renovación de instalaciones, rehabilitación de edificios, mejora de la eficiencia energética, modernización del alumbrado exterior y una mayor incorporación de sistemas de regulación y control.
La cuestión importante para los fabricantes está en cómo evolucionará esa demanda. La sustitución de tecnologías convencionales por LED ha generado durante años un importante volumen de actividad, pero el mercado actual exige una propuesta de mayor alcance. El proyecto de iluminación empieza a valorarse cada vez más por su capacidad para reducir consumos, mejorar el confort visual, facilitar el mantenimiento y aportar información sobre el funcionamiento de la instalación.
Ahí aparece una de las grandes oportunidades de la industria: pasar de vender puntos de luz a aportar soluciones capaces de responder a las necesidades concretas de cada espacio.
La iluminación técnica mantiene el liderazgo
Los datos por segmentos permiten observar con mayor precisión dónde se concentra actualmente la actividad. La Iluminación Interior Técnica continúa siendo la principal categoría del mercado, con una previsión de 509 millones de euros para 2026 y un crecimiento del 2,25%.
Le sigue el Alumbrado Exterior, que alcanzaría los 407 millones de euros, con un incremento del 1,78%. La Iluminación Interior Decorativa, por su parte, se situaría en 148 millones, un 2,52% más que en 2025.
La posición de la iluminación interior técnica tiene una explicación clara. Oficinas, establecimientos comerciales, centros educativos, instalaciones industriales, edificios públicos y otros espacios terciarios requieren soluciones cada vez más adaptadas a las características de cada aplicación. La eficiencia energética continúa siendo un criterio fundamental, aunque comparte protagonismo con factores como el confort visual, la calidad de la luz, la flexibilidad de la instalación y la posibilidad de integrar sistemas de control.
El alumbrado exterior presenta una evolución igualmente significativa. La renovación de instalaciones públicas continúa generando oportunidades vinculadas a la reducción del consumo, la optimización de los costes de mantenimiento y la incorporación de sistemas de telegestión. La experiencia de proyectos recientes demuestra que una renovación LED bien proyectada puede combinar ahorro energético, mejor distribución fotométrica y gestión dinámica de los niveles de iluminación. Un proyecto desarrollado en el Puerto de Tarragona, por ejemplo, consiguió reducir el consumo eléctrico un 65% mediante la renovación de su alumbrado e integrar las luminarias con un sistema de control para adaptar el funcionamiento a las necesidades de cada zona.
La iluminación decorativa también merece atención. Su crecimiento previsto del 2,52% refleja un mercado en el que la luz tiene una función cada vez más vinculada a la arquitectura, la percepción del espacio y la experiencia del usuario. En retail, hostelería, restauración y proyectos residenciales, la iluminación puede intervenir directamente en la manera en que se perciben los materiales, los volúmenes y los productos.
El comportamiento de los componentes revela otra realidad
El crecimiento global del sector oculta una evolución mucho menos homogénea en determinadas categorías. Las previsiones para 2026 sitúan las Fuentes de Iluminación en -1,4% y los Componentes en -3,06%.
Este comportamiento tiene una lectura industrial. La transformación tecnológica del mercado ha modificado profundamente la estructura de la cadena de valor. La expansión de las luminarias LED integradas ha reducido el peso de determinadas fuentes de luz tradicionales y ha cambiado la relación entre luminaria, fuente, electrónica y control.
En paralelo, la presión sobre los precios obliga a los fabricantes a competir en un mercado donde cada vez resulta más difícil diferenciar una solución únicamente por sus prestaciones básicas. La eficiencia lumínica, la vida útil o la posibilidad de regular una luminaria forman parte ya de las especificaciones habituales de muchos productos.
La diferenciación se desplaza hacia otros terrenos: ópticas, calidad de luz, integración digital, facilidad de instalación, interoperabilidad, mantenimiento, trazabilidad y capacidad para adaptar la solución a las necesidades concretas del proyecto.
Esto explica también por qué la innovación en iluminación ya no puede entenderse únicamente como el desarrollo de una luminaria más eficiente. La evolución afecta al conjunto del sistema.
La conectividad cambia el papel de la luminaria
Una de las transformaciones más relevantes del sector está relacionada con la incorporación de sistemas de regulación, sensorización y conectividad. La luminaria puede convertirse en un elemento más dentro de una infraestructura digital capaz de recoger información, comunicarse con otros sistemas y modificar su funcionamiento en función de diferentes variables.
Presencia, horarios, aporte de luz natural, ocupación o actividad son algunos de los parámetros que pueden utilizarse para adaptar la iluminación a las condiciones reales del espacio.
El resultado es una instalación más dinámica. En lugar de trabajar con niveles de iluminación constantes durante todo el periodo de funcionamiento, el sistema puede ajustar la respuesta lumínica a la demanda real.
Esta evolución tiene una consecuencia importante para el diseño de proyectos: la iluminación debe plantearse cada vez más como parte de la infraestructura técnica del edificio o del espacio urbano. La coordinación con instalaciones eléctricas, sistemas de gestión, automatización y otros servicios resulta fundamental para aprovechar todas sus posibilidades.
La digitalización también está modificando la relación entre fabricante, prescriptor e instalador. La documentación técnica, la configuración de equipos y la gestión de datos adquieren mayor importancia a medida que las soluciones incorporan más electrónica y capacidad de comunicación.
El reto de volver a crecer fuera de España
Si el mercado nacional representa el principal motivo de confianza para 2026, la actividad internacional continúa siendo uno de los grandes desafíos.
Las exportaciones cerraron 2025 en 420 millones de euros, un 5,19% menos que el ejercicio anterior. Para 2026, ANFALUM prevé una recuperación moderada, hasta los 425 millones, equivalente a un crecimiento del 1,05%.
Recuperar presencia internacional requiere algo más que incrementar ventas. La industria española necesita competir en mercados donde el precio tiene un peso considerable y donde la diferenciación tecnológica debe ir acompañada de capacidad industrial, servicio, certificaciones, conocimiento normativo y una estructura comercial adecuada.
La internacionalización vuelve a adquirir relevancia estratégica para evitar una excesiva dependencia de la demanda interna. La propia ANFALUM ha señalado entre sus prioridades el refuerzo de la presencia exterior y la colaboración con organizaciones europeas como LightingEurope, con el objetivo de favorecer la competitividad de las empresas españolas.
La participación de fabricantes españoles en grandes encuentros internacionales responde precisamente a esa necesidad. Light + Building 2026 reunió en Frankfurt a 144.767 visitantes y cerca de 2.000 expositores, confirmando el peso que mantienen este tipo de encuentros para establecer relaciones comerciales y detectar tendencias tecnológicas.
Competir en valor en lugar de hacerlo únicamente en precio
La evolución de las cifras conduce a una cuestión que afecta directamente a la rentabilidad de los fabricantes: crecer en facturación no garantiza necesariamente crecer en margen.
La presión sobre los precios es uno de los principales retos identificados por ANFALUM. El aumento del número de unidades instaladas convive con una reducción del valor medio de determinados productos, una combinación que obliga a las empresas a mejorar procesos, controlar costes y buscar elementos de diferenciación.
Para un fabricante, esta situación cambia las reglas del juego. La competitividad pasa por disponer de procesos productivos eficientes, controlar la cadena de suministro y desarrollar productos con un mayor componente tecnológico. También por demostrar al cliente el valor económico de una solución durante toda su vida útil.
En iluminación profesional, el precio de compra representa únicamente una parte del coste total. Consumo energético, mantenimiento, sustitución de componentes, facilidad de instalación, durabilidad y capacidad de gestión influyen directamente en la rentabilidad de una instalación.
Por eso, la conversación comercial está evolucionando hacia conceptos como coste total de propiedad, retorno de inversión y eficiencia operativa. El fabricante que consigue cuantificar ese valor dispone de argumentos mucho más sólidos para diferenciarse.
Una industria que necesita mirar al proyecto completo
La evolución del mercado apunta hacia una conclusión clara: el futuro de la iluminación profesional estará cada vez más ligado a la capacidad de entender el proyecto en su conjunto.
Una luminaria eficiente es importante. También lo son la óptica adecuada, la distribución de los puntos de luz, la regulación, la integración con otros sistemas, la facilidad de mantenimiento y la calidad de la instalación. Cada una de estas variables afecta al resultado final.
Por este motivo, el papel del fabricante está evolucionando. El conocimiento del producto sigue siendo imprescindible, aunque debe complementarse con capacidad de asesoramiento técnico y comprensión de las necesidades del edificio, la infraestructura o el espacio urbano.
Esta transformación coincide con otra tendencia de fondo: la incorporación progresiva de criterios de circularidad, trazabilidad y digitalización. ANFALUM está trabajando, entre otras líneas, en cuestiones relacionadas con el Pasaporte Digital de Producto y con la transformación digital de sus propios procesos.
El objetivo es que la industria esté preparada para un mercado donde la información asociada al producto tendrá cada vez mayor importancia.
2026: crecimiento moderado y una oportunidad para ganar valor
Las previsiones de ANFALUM sitúan al sector de la iluminación en 1.270 millones de euros al cierre de 2026, con un crecimiento del 1,4%. La cifra confirma una evolución positiva, aunque también plantea un desafío: conseguir que el crecimiento sea sostenible y tenga reflejo en la rentabilidad de las empresas.
El mercado nacional seguirá siendo el principal motor, mientras las exportaciones apuntan a una recuperación todavía contenida. La iluminación interior técnica y el alumbrado exterior conservarán su posición dominante y la iluminación decorativa mantendrá una evolución favorable. Al mismo tiempo, fuentes de luz y componentes afrontarán mayores dificultades.
Más allá de las cifras, el verdadero cambio está en la naturaleza de la demanda. El mercado pide soluciones eficientes, conectadas, flexibles y capaces de integrarse en proyectos cada vez más complejos. La tecnología LED ha sido el gran catalizador de esta transformación; ahora la evolución pasa por añadir inteligencia, capacidad de gestión y valor durante toda la vida útil de la instalación.
La industria española tiene ante sí un mercado que vuelve a crecer, aunque a un ritmo moderado. El siguiente paso será conseguir que ese crecimiento se apoye en tecnología, especialización y diferenciación. Ahí estará una parte importante de la competitividad del sector durante los próximos años.

